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Viajando por la provincia de Burgos es posible disfrutar de múltiples maneras: con impresionantes monumentos y obras de arte, paisajes naturales que te dejan sin habla, o monasterios donde puedes pasar algún tiempo sosegando tu ritmo de vida. Seguro que nada de esto te sorprende pues de todos es sobradamente conocido la riqueza de esta preciosa zona de España.

Sin embargo, quizás no sepas qué representa esta foto: ¿porqué hay un avión –concretamente un Lockheed T-33 Shooting Star  – junto al castillo de un pueblo burgalés llamado Coruña del Conde?

El castillo,  construido por el conde Fernán González hacia el año 912 corona un cerro que domina el pueblo  y el avión colocado junto a él por el Ejército del Aire como homenaje a un pastor llamado Diego Marín Aguilera que en el año 1793 –sí, he escrito bien: 1793-, voló en un aparato más pesado que el aire inventado por él. Así pues ¿No fue Orville Wright el primero en realizar un vuelo en un avión tripulado?

Sigue leyendo y podrás enterarte.

Diego nació en Coruña del Conde en 1757. Desde muy joven dio muestras de gran inteligencia natural y de notable ingenio, primero sacando adelante a sus seis hermanos tras la prematura muerte del padre y luego con  la invención de pequeños artilugios que facilitaban la vida de sus vecinos. Pero su gran sueño era algo muy distinto y lo fue alimentando con el estudio y la observación de las águilas y buitres a los que veía volar en sus largos días de pastor. Disponía trampas para atrapar a las aves que después estudiaba concienzudamente especialmente su anatomía y sus técnicas de vuelo, empleando  seis años en recopilar todo tipo de datos. Una vez finalizados, consideró que ya era hora de poner en práctica todos sus conocimientos y, con ayuda del herrero del pueblo, construyó en secreto una especie de planeador  de hierro y madera forrado de plumas cuyas  alas –a escala de la de las águilas-  estaban articuladas y se movían por medio de manivelas y su cola podía orientarse mediante dos estribos.

Cómplices de su aventura fueron su amigo Juan Barbero y la hermana de éste. Los entusiastas planes consistían en realizar un vuelo inicial hasta el Burgo de Osma y desde allí proseguir el viaje hasta Soria. Por fin, el quince de mayo de 1793 aún de noche, los tres amigos subieron el pesado aparato a la cima del cerro y desde allí Diego Marín se lanzó al vacío.  Sorprendentemente no cayó en picado en un primer momento, sino que se elevó unos seis m, y voló por espacio de 431 varas castellanas, es decir unos 300 m, hasta que tocó suelo a causa de la rotura de un perno.

Animados por el éxito, decidieron reconstruir y perfeccionar el aparato, pero aquello no fue posible porque la gente del pueblo, enterada de la aventura, lo quemaron. Quisiera pensar que lo hicieron movidos por los buenos deseos de que a Diego -vecino,  amigo, o pariente-  no se hiciera daño, más que por oscurantismo y mofa malintencionada. De todas formas, los efectos fueron los mismos.

Este triste suceso causó una gran depresión a Diego  que murió pocos  años después en 1799 siendo su hazaña injustamente ignorada.

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