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Os dejo este artículo de evolución humana que trata sobre el antropocentrismo de la ciencia; de la manera que tiene el ser humano de entender su propia evolución, separándola del resto de seres vivos.

En la estantería temporal sobre antropocentrismo evolutivo de nuestra biblioteca puedes encontrar bibliografía sobre el tema.

Al gran desarrollo de la biología han contribuido los distintos conocimientos y disciplinas que abarca el amplio campo de estudio  de seres vivos y sistemas biológicos. El origen de esta gran biodiversidad ha llevado un arduo debate entre autores con distintas opiniones. Para ello primero se definió la especie como el conjunto de organismos capaces de reproducirse entre sí y  de tener una descendencia viable. Pero había organismos que no tenía reproducción sexual, por lo que había que definir a la especie de una forma más objetiva. Se puso como criterio para definir una especie a aquellos organismos que compartían más de un 98 % de su material genético.

Si analizamos a la especie humana, Homo sapiens, cuyos fósiles más antiguos tienen menos de 200.000 años de antigüedad, nos encontramos ante un dilema. Normalmente se intenta estudiar la filogenia de manera objetiva, pero al hacerlo desde el punto de vista humano, cometemos errores estructurales que hacen que las clasificaciones no se ajusten a la realidad objetiva de la materia que analizamos. Tal es así, que al hacer los análisis filogenéticos entre especies actuales de seres vivos, nos encontramos con que el género Pan actual y el género Homo actual, tienen unas diferencias genéticas menores del 2 %, con un ancestro común de sólo 7 millones de años de antigüedad.

Consecuentemente, todos los géneros y especies de la familia humana a partir de esa fecha, deberían ser no sólo del mismo género, sino también de la misma especie.

Ciertamente las diferencias morfológicas estudiadas en el campo de la paleontología sobre la filogenia humana, arrojan suficientes diferencias para hacer resaltar características propias de especies distintas, ya sea la postura, los huesos de la mano, la longitud de sus extremidades, los huesos del cráneo y sus capacidad craneal, así como diferencias culturales como la comunicación, las herramientas o su forma de vida. Pero cabe preguntarnos lo objetivas que son estas diferencias para subdividir estas especies.

En la evolución de la familia humana han ocurrido muchos más cambios fenotípicos que en otras especies, por tanto no es de extrañar que dos individuos que parezcan de especies distintas sean de la misma especie. Algo parecido ocurre con los perros, hay una gran cantidad de razas muy distintas, pero todas son de la misma especie y con un gran parentesco entre sí. Sin embargo el lobo, que fenotípicamente es muy parecido, tiene una mayor diferencia genética.

Por tanto en el árbol humano los distintos géneros como Kenyanthropus sp., Orrorin sp., Ardipithecus sp., Paranthropus sp., Australopithecus sp., Homo sp., deberían redistribuirse como una única especie, puesto que tenemos evidencias genéticas plausibles que lo corroboran. De esta manera, los diversos géneros humanos serían distintas subespecies dentro de la especie humana. Ciertamente no tenemos evidencia de si los primeros homínidos como Orrorin sp. o Ardipithecus sp. tendrían capacidad reproductiva con el ser humano actual, por tanto podrían considerarse como especies ancestrales, distintas a las actuales, pero siempre y sin lugar a dudas, dentro del género Homo sp.

Otra cuestión es si estamos preparados moralmente para aceptar que se consideren como humanos individuos que tienen aspecto simiesco, con características que consideramos que no son humanas; pero esta pregunta no es más que otro ejemplo del antropocentrismo evolutivo, que abunda no sólo en los prejuicios sociales, sino también en biología y en otras ciencias que se consideran objetivas y ciertas; pero no son así en absoluto, por muchas demostraciones que haya, siempre vamos a estudiar el universo y todo lo que en él habita bajo el yugo de nuestros prejuicios. Pero para poder descifrar a la naturaleza hay que ponerse en muchos lugares y verlo de todas las maneras posibles, y si se ponen criterios, unificarlos y aplicarlos a todos por igual.

Bibliografía: Datos obtenidos de:

Strachan, Tom1 and Read, Andrew P2, Human Molecular Genetics, 2nd edition, 1 (University of Newcastle, Newcastle-upon-Tyne, UK) 2 (University of Manchester, Manchester, UK), New York: Wiley-Liss; 1999.