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El corazón es un órgano fascinante. Late unas 100.000 veces al día, 35 millones de veces al año, y 2.500 millones de veces a lo largo de una vida.
En un minuto es capaz de hacer llegar sangre oxigenada a todas las células a través de los 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos que hay en nuestro cuerpo.
Bombea a razón de unos 4 litros y medio de sangre por minuto, 6.480 litros al día, lo que al cabo de una vida supone un millón de barriles de sangre. Un corazón adulto late unas 72 veces por minuto en reposo y cerca de 200 si se practica deporte. El de un feto alcanza las 160 pulsaciones.
No es muy grande, tiene el mismo tamaño que un puño. El de las mujeres pesa unos 230 gramos y el de los hombres casi 300. Y a pesar de sus dimensiones reducidas, con la potencia que genera cada día, podríamos mover un coche durante 32 km.
Mucha gente coloca la mano sobre el lado izquierdo del pecho, pensando que es ahí donde está ubicado el corazón, pero lo cierto es que está en el centro.

Es el primer órgano en formarse en el embrión humano, aparece en la cuarta semana de vida embrionaria. Cuando la vida se apaga, el primer órgano en morir es el cerebro, lo hace a los 6 minutos de no recibir sangre, por lo que se dice que es el “Primum moriens” (el primero en morir). El último órgano en morir es el corazón, a las 6 horas de no recibir sangre. Es por eso que el corazón es el “Primum vivens, ultimum moriens” (primero en vivir, último en morir).
Podrán romperte una y mil veces el corazón, podrás creer que ya no hay nada vivo en él, que te lo han partido en mil pedazos, que ya no tiene curación. Y te equivocas. Tu corazón está vivo, y vivirá aun después de que la vida te haya abandonado.