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Hoy me gustaría escribir sobre algo que ocurrió en un pequeño rincón de Andalucía con el que me siento muy emparentado y al que le guardo un gran cariño. Hablo de Cádiz, esa pequeña ciudad rodeada de mar que no deja de ser el lugar donde se desarrollan muchos de mis sueños. Y es que como gaditano que soy, me siento mucho mejor cuando estoy cerca del mar.

El fin de semana del 19 y 20 de Marzo se esperaba en Cádiz un acontecimiento histórico. El acontecimiento de la “superluna” lo llamaron en los periódicos y es que, durante este fin de semana, nuestro satélite pasaría unos 30.000 kilómetros más cerca de la Tierra con respecto a su distancia media habitual. Este fenómeno produciría una bajamar y una pleamar mucho más grandes de lo que estamos acostumbrados a ver, y así fue.

Holoturia

Como muchos gaditanos, me levanté temprano el sábado para no perdérmelo y ya desde las 9:00 de la mañana el paseo marítimo estaba lleno de gente con sus cámaras de fotos preparados para inmortalizar el momento.

Cuando bajé a la playa me asombró ver tal cantidad de rocas que nunca habían quedado descubiertas, pero lo que me asombró aún más fue la cantidad de gente que estaba paseando por ellas y rebuscando entre las piedras como mariscadores auténticos. Tardé poco en meterme yo también por las piedras ya que iba a ser una buena oportunidad para ver, en los pequeños charcos que se habían formado, una pequeña representación de la fauna que acompaña a nuestras costas.

Estrella de mar común

Era impresionante la gran cantidad de holoturias que había y los niños que paseaban con sus padres no paraban de preguntarles qué eran esas cosas feas y alargadas que había en el agua. El nombre común de estos Equinodermos es “pepino de mar”, el cual los padres adornaban con “pepinillo de mar” y cosas similares. ¡Con lo fácil y divertido que hubiera sido decirle a estos niños que esos animales son holoturoideos! Seguro que así no volverían a preguntar por ningún animal más al escuchar tal palabrota.

 

Era también un escenario precioso el que ofrecían las estrellas de mar moviéndose lentamente por las pequeñas acumulaciones de agua. También vi gran cantidad de erizos y anémonas, estás si son más conocidas ya que forman parte de nuestra gastronomía, aunque yo soy de los que piensan que son mucho más bonitas en la roca que fritas en el plato.

Me llevé bastante tiempo ensimismado buscando entre las rocas todo tipo de animales y algas para fotografiarlas, pero cuando me vine a dar cuenta por poco tengo que salir de allí en canoa. La marea estaba subiendo ya con rapidez y, como suele pasar en este tipos de eventos, a la gente le entra el pánico con facilidad. Muchas familias empezaron a aligerar el paso entre las rocas resbaladizas hacia la única salida que había quedado sin cubrir por el agua, fue una escena realmente cómica. Al final salimos todos sanos y salvos pero con el pantalón un poco mojado.

Anémona

De todo esto hubo algo que no me gustó nada. Vi muchas personas que habían ido para coger todo tipo de animales y llevárselos como “recuerdo”, gente que llevaba en las manos estrellas de mar como si fueran caramelos de la cabalgata de reyes. Es cierto que en Cádiz hay mucha gente que se dedica a mariscar y pescar cuando baja la marea, pero no tiene ni punto de comparación a la multitud que había sobre las rocas arrasando con todo lo que veía.

En general fue una buena mañana en la que disfruté bastante y en la que me relajé estando junto al mar. Espero que os haya gustado esta pequeña crónica de el acontecimiento de la “superluna”.

Un saludo, Pablo Escribano.