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Aunque no figuran en los mapas convencionales, los lugares que se describen en esta sección “A nuestro mundo” son absolutamente reales. Tienen su propia idiosincrasia, una geografía minuciosa que describe detalladamente cada valle,  montaña,  río; sus habitantes de múltiples razas, costumbres y religiones ; sus particulares monstruos … Es decir, como cualquier otro lugar al uso donde vivimos cada uno de nosotros ¿O no?

yann2La información sobre esta ruta llegó a mis manos por pura casualidad. Era un crucero por el río Yann, tan atractivo, tan escandalosamente barato, que no encontré ninguna excusa para decir que no. Así pues, me decidí a hacerlo de repente, un poco de la manera en que se toman muchas de las decisiones importantes de la vida.

El barco -El Pájaro del Río- partió puntualmente, iniciándose un viaje que a pesar del tiempo transcurrido, no he olvidado en ninguno de sus detalles. Nada que ver con las fiestas, cenas de galas, juegos y otras diversiones organizadas de las que acostumbramos a encontrar en otros cruceros al uso. Aquí el secreto consistía en acoplarse al ritmo del río, a conseguir que tu pulso latiera con su misma cadencia.

Durante el día la actividad del viajero se limitaba a visitar las poblaciones que se encontraban en las márgenes, sus palacios, sus templos dedicados a dioses pequeños y grandes, sus mercados donde se realizaban todo tipo de transacciones … o contemplar los paisajes cambiantes que se iban sucediendo al paso lento del barco. Así conocí como si se trataran de cuadros apenas esbozados de una exposición, ciudades de la selva como Astahanh o Nem, y las montañas de Glorm cuyos torrentes procedentes del deshielo, forman en el río un tramo conocido como los Saltos del Yann.

Cuando el sol estaba en lo más alto y los enormes animales del río se escondían en el légamo para refugiarse del calor, ¡qué otra cosa mejor podría hacerse que charlar o tumbarse y dormir una siesta! Y a veces era difícil decidirse por una u otra, si dejarte llevar por el sopor y dormir, o relacionarte con la tripulación del barco, ya que la amabilidad de la gente del Yann es tan proverbial como maravillosas las historias que contaban.

Y por último, la noche. El sol se ocultaba en atardeceres mágicos y se veían pasar grandes bandos ruidosos de aves camino de sus dormideros, las fieras bajaban al río para beber y se abrían, para durar solo unas horas, flores del tamaño de una cabeza humana. Entonces se encendían las luces del barco y, terminados los trabajos del día, todos podían entregarse al descanso y de nuevo a los cuentos y a la charla.

Llegamos por fin a la desembocadura y al final del viaje, un lugar que se llamaba Las Puertas del Yann. Se denominaba así porque de dos montañas que se alzaban en una y otra ribera, avanzaban sobre el río dos riscos de mármol rojo que casi llegaban a juntarse y entre ellos pasa el Yann para adentrarse en el mar. Y aunque el espectáculo era inimaginable, no podía dejar de pensar con tristeza en que todo aquello se acababa.

Si has tenido la paciencia de llegar hasta aquí, quizá tengas la curiosidad de realizar tu mismo este viaje, pero me temo que no vas a poder contratarlo en ninguna agencia. Te sugiero pues, que busques los Cuentos de un Soñador de Lord Dunsany y leas uno titulado Días de Ocio en el País del Yann.

Espero que te guste tanto como a mí.

Por Randolph  Carter